• kalebzg7

Karsolandia

Era apenas media mañana y ya caminábamos sudorosos bajo el dosel de un bosque casi prístino, nuestros pasos se amortiguaban por la alfombra de abundante hojarasca y humus que se extendía bajo nuestros pies. Nuestro andar se ralentizaba ya que era difícil ver donde dar el siguiente paso debido a la tupida vegetación de palmas enanas que se extendía por todo el sotobosque, por consiguiente no pocas veces el suelo cedía bajo nuestro peso y terminábamos con media pierna en un hueco. Era realmente difícil seguir un sendero establecido, los múltiples caminos de la fauna silvestre se entrecruzaban por todas partes y en todas direcciones, además de los afloramientos rocosos que surgían a nuestro alrededor, teníamos que confiar en nuestra orientación, en alguna seña o marca sobresaliente como un árbol o roca peculiar, además de apoyarnos en la ruta trazada con el GPS en el celular (pocas veces fiable ya que señal satelital no lograba penetrar esta tupida foresta de árboles y piedras). Hacía ya algunos kilómetros atrás que habíamos pasado el último "trabajadero", un área dónde la gente local cultiva maíz, frijol y calabaza. Nos habíamos internado en la vegetación, abriéndonos camino con ayuda del machete y cuidándonos de la chaya (esta planta también es conocida como "mala mujer"), también de no pisar ninguna serpiente venenosa. Nuestro objetivo era simple: explorar el territorio en búsqueda de cuevas y trazar una ruta lo más directa posible a un área interesante que habíamos visto en los mapas satelitales. Empresa que no fue nada fácil.




Así íbamos caminando en terrenos desconocidos cuando de pronto, frente a nosotros y en medio de toda la vegetación, surgieron enormes paredes de rocas, formando majestuosos cañones, el paisaje cambió súbitamente. El bosque de árboles cedía a un bosque pétreo. Pasadizos, oquedades y cuevas por doquier. Habíamos llegado al "laberinto" (así lo bautizamos), un área que aún no terminamos de conocer. Un paraíso para los exploradores y en especial para nosotros, los espeleólogos. La manifestación de karst en todo su esplendor. karst superficial con cañones profundos y karren con cumbres y bordes filosos. El camino de por sí ya difícil, se dificultó aún más al atravesar esta zona. Era increible encontrar sitios así, aún desconocidos en el área de San Fernando.







Con el tiempo corto, para tratar de regresar con luz de día, continuamos nuestro andar. Procurando no distraernos tanto con todo lo que veíamos. Dejaríamos esta zona para explorarla en otra ocasión. Finalmente, después de cruzar el bosque, bejucales y densos carrizales llegamos a una profunda depresión en el terreno. Semejaba una sima profunda, con paredes de apróximadamente 50 m de alto, sin embargo por uno de los costados una gran rampa de derrumbe nos dio acceso al fondo. Estábamos agotados, con poca agua y el sol ocultándose, pero nuestras ganas de explorar fueron más y nos adentramos a la cueva. La entrada en un inmenso portal lleno de formaciones en el techo y paredes, por el suelo el bosque da paso una colonia de enormes cícadas que crecen dispersas al abrigo de la cueva y por doquier se ven huellas y rastros de fauna silvestre. La cueva resultó no tener mayor desarrollo, al parecer se cierra después de unas cuantas decenas de metros, sin embargo tampoco pudimos explorarla detalladamente. De regreso nos oscureció en el camino, y no pocas veces perdíamos el sendero, finalmente cerca de las 9 pm salimos a la carretera, habíamos hecho una caminata de poco más de 12 horas, estábamos agotados pero contentos por los descubrimientos. Ahora estamos preparándonos nuevamente para volver y ahora si adentrarnos en las profundidades de estas montañas.




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