Paraíso


Desconozco quién te bautizó así, para una persona común muy poco puede encontrar de paraíso en ti, para alguien fuera de lo normal como es hoy mi caso, Paraíso se queda corto y nada describe el nombre. 

Hasta ahora lejos queda de romper un récord mundial, pero para el GEJ y en lo personal, has despertado muchos sentires, pasión, respeto, temor incluso miedo, para varios de nosotros has sido un reto a lo cual nos has mostrado nuestras limitaciones, a lo que pocos regresamos para superarlo, otros lo cual es respetable y admisible, se quedaron a esperar en el camino, muchos otros nos dimos la oportunidad de entrar una vez mas para aventurarnos a seguir y encontrar tu fin, esto ha servido para mejorar nuestra técnica y reforzarla. Para mi el verdadero reto y sobre todo mental mas que físico, fue en el segundo intento para pasar el estrecho donde me pude dar cuenta que aún le temo a algo (claustrofobia), ni el "paso de la muerte" me impactó y si no es por que me notifican donde es, paso inadvertido, para otros cuantos el simple echo de saber el nombre de ese pasaje imponía, miles de cosas pasa por la mente al estar pasando, el no resbalar, el no dejar caer una piedra y lastimar al compañero que bajó, al ir descendido estar a la expectativa de que no se desprenda una roca, y digo expectativa y no alerta, por qué si llega suceder, poco podemos hacer ante tal majestuosidad, es ahí donde nos daríamos cuenta que tan insignificante somos. En Paraíso pude reafirmar mi fascinación a la obscuridad (nictofilia) y que me siento cómodo en el ambiente. Toda la cueva ruge desde la entrada con las caídas de agua, ha excepción de una zona, que por bien bautizada hace mérito a su nombre el "salón del silencio", un lugar al que en expediciones pasada no se había podido llegar, un gran salón que el has de luz más potente que llevamos no alcanza a iluminar su techo ni la pared de enfrente, inmensas dunas de lodo, vuelven un reto escalar a la parte más alta, una cantidad de lodo que nunca antes había visto, un oasis de silencio, un descanso ante incansable sollozo de la cueva. Continuando con el lodo, muchos de nosotros no nos divertíamos como en años, resbalando en toboganes naturales de lodo, cual puerquitos disfrutábamos, a pesar del cansancio, hambre, frío y una que otra dolencia de un golpe recibido al arrastrarse en los estrechos pasadizos. Para este momento ya hemos llevado casi dos kilómetros recorrido y más de 150 metros de cuerda, nos queda el camino de regreso, lo más pesado y tedioso para unos cuantos, con varios kilos de lodo encima hace más difícil la tarea, al regresar a la entrada, la luz del sol se ha ido, más de 13 horas dentro a lo cual la mente pierde toda noción de tiempo, puesto que se pasa como un parpadeo, un lapso de tiempo para lo que la cueva es insignificante, la cual aparentemente es inamovible, eterna ante nuestro corto ciclo humano. Al llegar a casa cada uno agradece a ese ser, ya sea el señor de la cueva, de la montaña, madre tierra o Dios, que nos permite regresar sanos y salvos, y que nos permita volver, para seguir develando tus secretos, esos secretos que muy celosamente resguardas, y nosotros insolente y respetuosamente a la vez irrumpimos y nos permites expectar. 

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