Entrañas de la madre tierra

Como mujer además de los retos físicos y psicológicos que me ha implicado una cueva, me he tenido que enfrentar a los comentarios de mi familia y conocidos. Seguramente les es difícil comprender el porqué de mi gusto por la espeleología, el como dirían ellos: llenarme de tierra, exponerme a peligros y muchas veces ir como la única mujer en el grupo. Y aunque esas son palabras de reproche y no de aprobación, tienen un poco de cierto, pero no me minimizan y mucho menos me hace querer renunciar.


Pues la cueva me a enseñando más de lo que podía creer, le he agarrado cariño a la actividad, puesto que favorece a superar mis miedos y a no darme por vencida. Cada vez soy más capaz y encuentro la confianza que requiero, sin caer en la altanería o la arrogancia, considero es muy tonto darse aires de grandeza en estas enormes cavidades, puesto que ahí dentro estas a merced de esta gran señora.



Cuando ando por la cueva, ya sea caminando, trepando, escalando o arrastrándome, la incertidumbre se vuelve mi adrenalina, en especial cuando es un lugar nuevo y no sé qué más voy a encontrar, es emocionante no saber a qué reto me debo enfrentar, y aunque no tengo la fuerza física como muchos de mis compañeros, siempre busco la forma para alcanzar el objetivo, la mayoría de las veces se trata más de creatividad y técnica, aunque no debo negar que mis colegas me ayudan cuando se los pido y agradezco no lo hagan por que me subestimen por ser mujer.


Pero no se resume sólo a eso, aprecio la fascinación que estos escenarios me obsequian, grandes y pequeñas cascadas, pozas tan cristalinas que puedes ver el fondo debido a la tranquilidad de sus aguas y las maravillosas formaciones rocosas, algunas tan brillantes y blancas que te aseguro puedes estar un agradable rato viéndolos, esas imponentes columnas hacen sentirme vulnerable, en especial cuando veo algunas derrumbadas y caigo en cuenta de lo insignificante que puedo ser al imaginarme abatida por alguna de ellas.


La cueva es claro ejemplo de como la vida se da cabida, en ella se puede observar una gran vitalidad, superficialmente es refugio de roedores, muchos murciélagos y algunas plantas, pero más adentro donde el agua corre o se estanca hay peces, langostinos y cangrejos, también se pueden encontrar algunos hongos.


Algunas veces no soy consciente de todo esto debido al cansancio, hasta que alguien me hace prestar atención y solo así puedo aprender más. Hay veces que estoy tan cansada que acomodo mi cuerpo en la fría tierra o roca y apago las luces; el negro de la oscuridad es similar a cerrar los ojos en la noche con un toque especial, pero no conforme con eso cierro los ojos.


Entonces los sentidos se disparan en varias formas, el sentido del oído y del olfato se agudiza, la del tacto se cohíbe y la de la vista se desespera. Escucho mi respiración y los susurros de la cueva, puedo olerla y soy sensata de todas las dolencias en mi cuerpo, revelo el miedo a tocar algo extraño y tengo la exasperante necesidad de ver, todo esto en la absoluta oscuridad.


Aún hay más, la mente se pone a trabajar, pienso demasiado… En todo lo que mi cuerpo quiere decirme, en los que están afuera, en lo que está pasando y en lo que no, de alguna manera soy tan consciente de mi persona y de lo que me rodea en todas las direcciones.


En ocasiones cuando espero acostada en alguna pila de lodo seco, imagino que tal vez ese barro compacto cubra algún hueco y que en algún momento colapsará producto de mi peso y caeré profundamente, un pensamiento solamente, que no me llena de miedo, pero sí de curiosidad. Una vez comenté esto a mis compañeros y me sorprendió saber que alguien más ha pensado igual, no sé si en el mismo lugar, pero me pregunto ¿quién más ha tenido esta idea? O ¿qué otras extrañas ideas pasan por la mente de los demás?


Me siento afortunada de poder experimentar todo esto, me hace sentir única pues no muchos son capaces de ver lo que vemos, de sentir lo que sentimos; seguramente cada uno en diferentes formas, así lo creo, porque así lo percibo. Me lleno de satisfacción al salir, voltear al cielo y ver las estrellas en vez del sol del inicio de nuestra aventura y finalmente compartir con emoción toda esta experiencia, con la idea de que comprendan un poco de este fascinante mundo, lo respeten y lo cuiden; las entrañas de nuestra madre tierra.



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